lunes, 28 de junio de 2010

Aproveché un viaje relámapgo a Monterrey para hacer una comida en la nueva casa de mi queridísimo Hatsuka. Aunque me tuve que adaptar a los ingredientes locales, hacer la compra resultó más cómodo de lo que había pensado. Entre otras cosas pude conseguir unos huchinangos de más de un kilo por lo que volví a casa satisfecho.
Me llamó la atención poder conseguir cosas que hace 12 años hubiera sido imposible conseguir en la ciudad láser. La tarde anterior preparé varios litros de caldo de pollo (ya saben que el secreto del arroz está en el caldo) y aproveché para comer y descansar en familia.

Por la mañana, bien acompañado de un resacón, me puse manos a la obra. A picar perejil, menta y epazote; a cocer lentejas, a arreglar los hucachinangos. Había muchas cosas que hacer y el tiempo se me vino encima rapidamente. Salieron al quite el bizarro y su señora que rápidamente se pusieron a mi disposición por lo que pudimos comenzar a tiempo.
De primero servimos unas lentejas templadas con vinagre de frambuesa con calamares salteados, espárragos, y crème fraîche. Para entonces teníamos la casa llena y de manera improvisada varios de los asistentes se ofrecieron a ayudar cocinando, sirviendo, limpiando, fregando con tal disposición que lograron que la comida fuera saliendo sin interrupciones.
El resto del menú se compuso de steak tartar sobre totopos, un risotto de hinojo al tequila, y los huachinangos rellenos de perejil, menta y epazote.
Todo salió mejor de lo que esperaba y aunque a todo mundo disfrutó con la comida, el elemento central de la tarde fue la alegría de la gente que amalgamados por el anfitrión convivimos como si nos conociéramos de toda la vida.

Me muero por repetir.

lunes, 14 de junio de 2010

Yo que siempre he ido a mi bola allá donde me meto, en esto de la cocina soy muy bien mandado y pongo algo de empeño en seguir ciertas normas o consejos para intentar que todo salga mejor.

Hace tiempo, leí por ahí que es bueno rallar el pan que se quede duro para tener pan rallado en stock y no tener que recurrir al insipiente serrín que venden en los supermercados. Como la cosa tiene sentido, cada vez que sobra pan lo dejo ahí unos días y luego lo rallo. Lo malo es que como no casi no lo uso, tengo guardadas toneladas de pan rallado en la cocina.

El otro día lo estrené. Caí en la cuenta de que, en aras de estar haciendo cosas nuevas, nunca había hecho croquetas y me puse manos a la obra. Compre leche y como tenía overbooking de queso pensé que lo mejor sería gastarlo.

Cogí una vieja perola para hacer la bechamel y un rato después conseguí un engrudo sabrosísimo. La falta de experiencia quiso que no calculara cuantas croquetas iba a preparar y pensé que medio litro de leche bastaría para unas pocas. ¿Unas pocas? ¡Joder! Por lo menos 60. Si 60. ¡SESENTA!

Señora, tengo el congelador lleno, Si viene por aquí prometo freirle las que usted quiera. Están riquísimas. Un aperitivo sencillo. Se que es una gilipollez pero no quepo de gusto.

¡Ay señora! ¡no sea envidiosa!

jueves, 10 de junio de 2010

MI PRIMERA COMUNIÓN

Hace un par de semanas cociné para una primera comunión. El estrés estuvo a punto de pasarme factura. Nunca había cocinado por encargo y el compromiso me agobió muchísimo. Por si fuera poco, no estaba en mi diminuta cocina que a pesar de todas sus carencias ya me conoce bien y me trata con cariño. Entre otras cosas tuve que improvisar una mesa auxiliar con una tabla de planchar.

El menú consistió en cuatro aperitivos individuales, risotto de alcachofas y cordero al horno.
Con las prisas no pude ni hacer fotos. Por suerte llevaba un pinche que heróicamente rescató algunas imágenes con el móvil.
La brocheta de la foto fue el aperitivo menos agradecido. Anchoas con aguacate. Además servimos (mi pinche, mis fantasmas y yo) otra brocheta de mango con pollo al limón, una cucharita de tartar de atún y un chupito de bloody mary con berberechos.

El cordero, que me trajo de cabeza desde la noche anterior, quedó muy sabroso.

A los niños les di quesadillas y perritos calientes. Estaban felices.

Para el postre lleve subcontraté dos tartas en un garito de la plaza de Santa Ana.

Improvisé demasiado y cambié alguna cosa sobre la marcha; a pesar del estrés, las prisas, los nervios y la falta de experiencia, todo estuvo listo a tiempo y se sirvió calientito. Anfitriones e invitados comieron abundantemente y quedaron con el espíritu en alto.

miércoles, 2 de junio de 2010

Hace casi dos mes que, siguiendo un impulso, decidí dejar de trabajar para intentar ponerme a cocinar. Ayer cerré definitivamente y me dispongo a emprender una nueva aventura.

Como tengo más tiempo, estoy cocinando en otros lados.

Con Hatsuka y la familia bizarra hicimos una comida memorable en Monterrey de la que ya subiré las fotos.

Otro día me encargaron una primera comunión (si, una primera comunión) y aunque el estrés casi me mata, salí airoso y entre besos de la abuela del homenajeado con distintos aperitivos, arroz y cordero.

El fin de semana pasado estuvimos en Vejoriz, pero el estado mental era de tal vagancia que no tengo ni una puta foto. En fin.

Estos dos meses se me han hecho larguísimos, pero además de disfrutar de tiempo para hacer lo que me gusta, he recibido muchísimas muestras de apoyo y se han abierto algunas posibilidades para comenzar una nueva vida esclavizado por las perolas.

Mientras tanto, seguimos en la posada.

Con los últimos fríos de una primavera invernal un día probé a cocer despacito un magret de pato a bajísima temperatura. El bicho duro un suspiro sobre la mesa. Espero aprovechar que tengo tiempo para probar nuevas técnicas de cocción a baja temperatura y al vacio para poder sacar a la carne todo su potencial.
Entre medias ha salido más de un plato por aquí. Tengo el brick de pollo casi listo, aunque me falta probarlo con pollo de corral o algún ave más sabrosa. El otro día lo probamos con un cuscus de cítricos frío y peras en escabeche. Ayer repetimos y el sabor está casi definido.
El verano ha aparecido de manera repentina y salvaje por estas tierras y con el calorcito apetecen cosas frescas y aunque la gente es al principio muy cauta con la carne cruda, se están comiendo con mucho agrado el steak tartar y el tartar de atún que he ido probando con distintos matices. Un plato sencillísimo. Buen género y un poco de sazón.
Y en esas ando. A ratos estoy haciendo prácticas en un catering donde pacientemente me aguantan. Entre esta semana y la que viene intentaré darle forma al verano. Mientras intentaré probar nuevas cosas que ya os iré contando.