Después de los disturbios de esta tarde y con la cocina libre, la cena dio paso a sensaciones más agradables.

Arrancaron con un aperitivo de platanos con bacon.
Para acompañar descorcharon un rosado de aguja de Bodegas Peñascal que no resultó malo.

A continuación y siguiendo con el mismo vino, un risotto de rebozuelos, chopos y mascarpone cocinado con el verde caldo de ayer.

Llegado a este punto y con las últimas gotas del rosado en las copas, abrieron un cava Agustí Torrelló Mata Gran Reserva 2005 que ademas de traer consigo los recuerdos de viejos fantasmas, sirvió como preludio a un plato de sesos con brocoli; todo ello rebozado con ralladura de lima, piñones y las pipas de la calabaza de ayer.

Para terminar la cena, un magret de pato con hierbabuena y guarnición de chalotas, berros y espinacas.

El postre fue una especie caramelo de aceitunas negras, manzana verde y nueces que dio bastante lata (sobretodo al fregar los distintos cacharros utilizados). Dicen que el resultado fue bueno. Tambien que fue una chapuza monumental. Parece que hay que buscar una forma sencilla de hacerlo.
Qué cabrón el Muski...
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